dimecres, 13 de juny de 2018

LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS - EDUCACIÓN DE CINE

El cine y las emociones. Una herramienta de carácter educativo para madres, padres, educadores y educadoras.

Esta quinta propuesta que analizaremos en este ciclo denominado “Educación de cine” se enmarca dentro de la cinematografía española. Su creador, José Luis Cuerda, a través de esta película nos presenta una terrible historia. Una historia, basada en una novela de Manuel Rivas, que nos explica cómo se llegó, en un determinado momento, a la brutalidad extrema por parte de unos individuos de asesinar a muchas personas por sus creencias políticas (independientemente de cuáles); y también nos hace recordar, como muchísimas personas tuvieron que renunciar a sus creencias, al menos de forma pública, por el temor y la represión que se instauró en toda España.
 “La lengua de las mariposas” es un conmovedor drama que combina esperanza y amargura a la vez y que nos sitúa en los albores de la fratricida Guerra Civil española en un pequeño pueblo gallego. Moncho un niño de 8 años, se incorpora a la escuela tras una larga enfermedad. Desde ese instante, la película nos muestra como ese niño inicia un enriquecedor y particular viaje sobre el conocimiento, sobre el aprendizaje del saber y de todo lo que tiene que ver con la vida de la mano de un viejo maestro con ideas republicanas. Un maestro que le inculca, tanto a él como al resto de alumnos conocimientos tan variados y necesarios como la importancia de los fenómenos que tienen lugar en la Naturaleza, entre ellos, la necesidad de que las lenguas de las mariposas tengan forma de espiral.

Por desgracia, El 18 de Julio estalla en todo el país un conflicto de una brutalidad inimaginable que aboca a toda la comunidad a un desastre sin paliativos. En este nuevo marco de odio y represalias, los valores y principios inculcados serán relegados, y la relación entre aprendiz y maestro se verá irremediablemente truncada.

La película transita sobre temas diversos como la educación, el aprendizaje en la naturaleza, la sinrazón de la guerra y de cómo, por desgracia, el odio y el fanatismo más furibundo se puede apoderar de una comunidad. En este sentido resulta terrible ver cómo, en un determinado momento, la mirada siempre curiosa y ávida de conocimiento por parte del niño se transforma en una mirada llena de odio, salvaje y embrutecida. Todo y así, la película nos acaba transmitiendo un soterrado mensaje de esperanza.

La película está plagada de frases inspiradoras, entre ellas, vale la pena destacar la secuencia donde Don Gregorio pronuncia unas estimulantes palabras en presencia del niño: "Los libros son como un hogar. En los libros podemos refugiar nuestros sueños para que no se mueran de frío".

¿Qué valores nos aporta su protagonista, Don Gregorio?

Si tuviésemos que destacar un valor de Don Gregorio que sobresale especialmente tendríamos que hacer referencia a su grado de generosidad. Nos encontramos frente a un viejo maestro de ideas republicanas que rebosa amor por el conocimiento, por la naturaleza y por educar a sus alumnos.

Quiero destacar la gran interpretación de Fernando Fernán Gómez. Resulta curioso contemplar a este gran actor en un papel tan lleno de matices y tan tierno. Sobre todo, si tenemos presente, recordando determinadas imágenes que hemos visto sobre su vida personal, que no tenía el mejor carácter. Se lo consideró toda su vida un cascarrabias. Pero quizás por eso podemos decir sin temor a equivocarnos que Fernando Fernán Gómez era un gran actor. En este papel de viejo profesor su actuación solo merece un calificativo: magnífica.

Don Gregorio aporta en su intervención educativa grandes dosis de sabiduría y humanidad. En su quehacer diario se entrega por completo a ofrecer a sus alumnos los conocimientos y la educación a través de unos estandartes que siempre hay que mantener en alto: respeto, curiosidad y observación.
El viejo maestro, ayuda a todos sus alumnos, especialmente a Moncho, a emprender ese viaje inolvidable que constituye el despertar a la vida. Viendo las imágenes podemos deleitarnos y ser conscientes de que estamos ante algo único, lleno de magia y de humanidad…Unos fotogramas que desbordan sensibilidad, que no sensiblería.


Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que nos encontramos ante una película sobresaliente que viene a dignificar y a honrar a todos esos maestros y maestras que de una forma sincera, honrada y desinteresada, a principios del siglo XX, entregaron su tiempo y dedicación para que las nuevas generaciones tuviesen acceso a la educación y a la cultura. Don Gregorio es consciente que sin una educación cargada de humanidad no hay posibilidades de convivencia en una sociedad que quiera ser democrática.

En definitiva, una película, que nos escupe la vida, que nos habla de forma constante sobre el aprendizaje y sobre las ilusiones no cumplidas, sobre la realidad de la crueldad humana y sobre sus debilidades.

Particularmente no recuerdo un final tan aterrador como el de esta película. Un final que nos muestra de forma descarnada dos constantes de la Humanidad: dónde pueden llegar los seres humanos manipulados y condicionados por el fanatismo y el odio; y la firmeza de la persona que es simplemente eso, una persona digna y humana.


"El club de los poetas muertos"

La próxima semana analizaremos los valores que nos transmite otra gran película sobre el mundo de la educación cuyo título es “El club de los poetas muertos”. Una propuesta cinematográfica firmada por el director de origen australiano Peter Weir en el año 1989. La acción se enmarca en un elitista y estricto colegio privado de Nueva Inglaterra al que llega un profesor con nuevas ideas y una pedagogía nada convencional. Mediante sus enseñanzas un grupo de alumnos descubrirá la poesía, el significado de "carpe diem" -aprovechar el momento- y la importancia vital de luchar por alcanzar los sueños.


Artículo de Daniel Fernández
 

dilluns, 28 de maig de 2018

LA SALUD LABORAL DE LAS MUJERES

Día Internacional de la Acción para la Salud de las Mujeres - 28M

La salud puede perderse o deteriorarse en función de los hábitos de vida, la edad, la calidad de los servicios médicos disponibles pero también a causa de las actividades laborales y las condiciones de trabajo.

Las mujeres son trabajadoras especialmente sensibles a determinados riesgos laborales, tanto por la desigualdad de género aún hoy patente, como por la especial peligrosidad asociada a situaciones de embarazo o lactancia.

Desde hace muchos años se sabe qué situaciones y qué condiciones laborales suponen un riesgo para la salud de los/as trabajadores/as. Los factores que pueden alterar la salud de las mujeres en el trabajo están relacionados con:

  1. Factores organizativos: motivación del trabajo, horarios, comunicación, definición de procedimientos de trabajo, posibilidad de participación, jerarquía, ergonomía del puesto o adaptación a las capacidades del trabajador… 
  2. Factores ambientales: exposición a gases tóxicos, ruido, vibraciones, radiaciones, calor, humedad, agentes biológicos,… 
  3. Factores de seguridad: herramientas de trabajo, máquinas, instalaciones de trabajo. Los riesgos que entraña el trabajo de la mujer pueden materializarse en daños a la salud de carácter inmediato (accidente de trabajo) o de carácter paulatino, de forma casi imperceptible (enfermedad profesional). El derecho de las mujeres a gozar de salud integral a lo largo de toda su vida está consagrado por el sistema internacional de derechos humanos.
Cabe tener en cuenta que la salud integral no es un hecho meramente biológico, sino que responde más bien a factores biopsicosociales, y depende del lugar que las mujeres ocupan en la sociedad (determinantes sociales de la salud) y de su capacidad de acceder a los recursos materiales y simbólicos para vivir una vida digna, con igualdad de oportunidades, exenta de violencia.

 El matiz relativo a género en la prevención de riesgos laborales no debe tomarse como un motivo diferenciador que pueda entenderse como un factor discriminatorio. No en vano, la Agencia Europea, en el informe “Las cuestiones de género en relación con la seguridad y salud en el trabajo”, establece la importancia de incluir los aspectos de género en las evaluaciones de riesgos laborales para que el trabajo, su organización y los equipos usados estén diseñados para adaptarse a la personas, y no al contrario.

El deber de protección de la dirección exige que se adopten todas las medidas que sean necesarias para la protección de la seguridad y salud de las trabajadoras. El punto de partida es la evaluación de riesgos, que se debe realizar teniendo en cuenta la naturaleza de la actividad y dentro de la cual deben tenerse en cuenta los riesgos que afecten a la función de procreación y a la maternidad (embarazo, parto reciente, lactancia). Así se debe:
  1. Tener presentes los factores de riesgo que puedan incidir en la función procreadora o reproductora de las trabajadoras, en particular por la exposición a agentes físicos, químicos y biológicos que puedan ejercer efectos mutagénicos o de toxicidad para la procreación, tanto en los aspectos de fertilidad, como de desarrollo de la descendencia.
  2. Incluir en la evaluación la determinación de la naturaleza, el grado y la duración de la exposición de las trabajadoras en situación de embarazo, parto reciente o en período de lactancia a agentes, procedimientos o condiciones de trabajo que puedan influir negativamente en la salud de las trabajadoras o del feto, en cualquier actividad susceptible de presentar un riesgo específico.
Una vez evaluados los riesgos que no se pueden evitar, el empresario/a debe combatir estos riesgos en su origen y sustituir lo peligroso por lo que entrañe poco o ningún peligro. En el caso de que las medidas genéricas de acción preventiva no fueran suficientes o revelasen un riesgo para la seguridad y salud de las trabajadoras, se deben tomar, entre otras, las siguientes medidas protectoras:
  • Adaptación de las condiciones y/o del tiempo de trabajo 
Esta adaptación puede comportar, cuando sea necesario, la no realización de trabajos nocturno o del trabajo a turnos por parte de las trabajadoras, dando lugar a modificaciones de horario y del régimen de trabajo a turnos.
    Cambio de puesto de trabajo
Cuando la adaptación de las condiciones de trabajo o el tiempo de trabajo no sea posible, la trabajadora debe pasar a desempeñar un puesto de trabajo diferente y compatible con su estado.
  • Contingencia de riesgo durante el embarazo
Si no es posible el cambio de puesto de trabajo, se puede declarar el paso de la trabajadora afectada a la situación de suspensión del contrato por riesgo durante el embarazo, durante el período necesario para la protección de su seguridad o de su salud y mientras persista la imposibilidad de reincorporarse a su puesto anterior o a otro puesto compatible con su estado.

Una mirada más amplia de la perspectiva de género en la salud laboral

Integrar la perspectiva de género desde una mirada amplia en el análisis de la salud laboral de las trabajadoras sigue siendo una tarea complicada de identificar en muchas organizaciones. Las políticas de salud laboral, a menudo siguen estando ancladas en la perspectiva proteccionista hacia las mujeres, como colectivo sensible por razones biológicas, centrado en el embarazo y la maternidad. Sin embargo, dejan de lado posibles riesgos laborales relacionados con las diferencias entre mujeres y hombres socialmente construidas que implican la exposición a unos riesgos diferentes a los de los hombres y que se invisibilizan. Es así como queda mucho camino por recorrer en la introducción de la perspectiva de género en todos los ámbitos de la sociedad, y en el que hoy nos incube en el de salud laboral.  

Artículo de Susana Pérez Albert, técnica superior en PRL.

divendres, 18 de maig de 2018

HUERTOS URBANOS, UNA EXPERIENCIA DE APRENDIZAJE VIVENCIAL

"Un sinfín de aspectos que contempla un proceso de aprendizaje vivencial que nos va dejando una huella profunda."

Como a tanta gente, me tocó reinventarme, y mi opción fue acercarme a las raíces literalmente. En un momento de efervescencia en que vamos encontrando cada día más experiencias de huertas que, poniendo énfasis en una u otra faceta, nos acercan a la tierra, en las que proliferan las huertas urbanas, en terraza, sociales o pedagógicas, me decanté por procurar transmitir ese vínculo con la tierra que tiene algo de ancestral, algo de esencial para nuestra vida.

Ejerciendo de educadora de huerta urbana en el Centre Obert Sants Les Corts y en otros espacios, como la Cooperativa L’Ortiga, he tenido la suerte de percibir en vivo y en directo la emoción de las y los peques al meter las manos en la tierra, al descubrir cualquier ser viviente, olor o semilla escondida, y como no, los cambios propios del ciclo de la vida que se encarna con las estaciones. Un sinfín de aspectos que contempla un proceso de aprendizaje vivencial que nos va dejando una huella profunda. 


En el Centre Obert hacemos huerta en mesas de cultivo. Trabajamos con peques y no tan peques. Lo hacemos desde la agroecología, que nos invita a una observación atenta de la Naturaleza para imitarla, procurando cerrar ciclos, comprendiendo y entendiendo interrelaciones que se dan en los ecosistemas. Es una forma de agricultura que nos reclama otro tiempo, otra manera de hacer y de relacionarnos, con una dimensión holística donde cultivar, recoger, transformar o preparar alimentos están interrelacionados. El cultivo de estos alimentos ofrece, por tanto, una diversidad de oportunidades de aprendizaje que puede ir aún más allá del cultivo y la cosecha.

Durante el curso, nos acercamos así a una de las principales fuentes de nuestra alimentación, al tiempo que dejamos espacio para el intercambio de saberes y culturas. Y es que la diversidad de origen de nuestros compañeros de aventura enriquece en usos y costumbres de los alimentos que cultivamos, que nos ofrecen testimonios y recuerdos de vínculos con familiares, tierras y recetas variadas.

En nuestras actividades, mientras crecen y se desarrollan nuestros cultivos, introducimos conceptos que van más allá de la agricultura: trabajamos nuestra interrelación con el medio ambiente y vamos incidiendo en cambios sobre nuestra percepción de la misma; ¿cómo hacemos esto? Pues de diversas formas: nos hacemos amigas de las lombrices, que primero nos dan repelús y después nos hacen cosquillas; aprendemos estrategias y manifestaciones de vida diversa, porque no es lo mismo sembrar, cultivar y cosechar unos guisantes que una zanahoria; también aprendemos que no todas las plantas son amigas entre ellas, que algunas tienen propiedades casi mágicas que ahuyentan de enfermedades y que toca aprender a convivir con depredadores “terribles” como el caracol, las larvas de futuras mariposas o algún pulgón que otro.

Y es que alrededor de nuestras hortalizas, ponemos los sentidos a funcionar: el tacto de la tierra mojada, el olfato que nos regalan las plantas aromáticas al acariciarlas, la vista que nos permite ir concibiendo el ciclo de vida de cada vegetal y sus diversas formas, colores y estrategias de adaptación, y por supuesto, el gusto, con el que incluso nos atrevemos a experimentar nuevos sabores y a disfrutar de nuestras fresas, zanahorias y rabanitos, recompensa de tiempos de espera y cuidados.

Recolectar y extraer semillas es una de las prácticas que incorporo en estos espacios educativos. Así, la curiosidad infantil acaba por descubrir esa esencia de vida, rindiendo tributo a ese legado ancestral que se plasma en testimonios que hablan con cierto orgullo principalmente de sus abuelos y abuelas con vínculos a esa tierra que siempre nos dio de comer.

A veces es preciso esperar. Como cuando toca sembrar las semillas que con esmero y tiempo atrás hemos recolectado, procesado, secado y guardado. Y es que son sensibles a características del medio que permiten (o inhiben) su nacimiento; nos implica en un proceso continuo, donde para recoger frutos tenemos que comprender y cuidar ese ciclo de vida desde el inicio. Todo un aprendizaje vivencial más que recomendable que nuestras huertas nos ofrecen.

Artículo de Nines Alquezar Castillo, ingeniera técnica agrícola y educadora ambiental.

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