divendres, 18 de maig de 2018

HUERTOS URBANOS, UNA EXPERIENCIA DE APRENDIZAJE VIVENCIAL

"Un sinfín de aspectos que contempla un proceso de aprendizaje vivencial que nos va dejando una huella profunda."

Como a tanta gente, me tocó reinventarme, y mi opción fue acercarme a las raíces literalmente. En un momento de efervescencia en que vamos encontrando cada día más experiencias de huertas que, poniendo énfasis en una u otra faceta, nos acercan a la tierra, en las que proliferan las huertas urbanas, en terraza, sociales o pedagógicas, me decanté por procurar transmitir ese vínculo con la tierra que tiene algo de ancestral, algo de esencial para nuestra vida.

Ejerciendo de educadora de huerta urbana en el Centre Obert Sants Les Corts y en otros espacios, como la Cooperativa L’Ortiga, he tenido la suerte de percibir en vivo y en directo la emoción de las y los peques al meter las manos en la tierra, al descubrir cualquier ser viviente, olor o semilla escondida, y como no, los cambios propios del ciclo de la vida que se encarna con las estaciones. Un sinfín de aspectos que contempla un proceso de aprendizaje vivencial que nos va dejando una huella profunda. 


En el Centre Obert hacemos huerta en mesas de cultivo. Trabajamos con peques y no tan peques. Lo hacemos desde la agroecología, que nos invita a una observación atenta de la Naturaleza para imitarla, procurando cerrar ciclos, comprendiendo y entendiendo interrelaciones que se dan en los ecosistemas. Es una forma de agricultura que nos reclama otro tiempo, otra manera de hacer y de relacionarnos, con una dimensión holística donde cultivar, recoger, transformar o preparar alimentos están interrelacionados. El cultivo de estos alimentos ofrece, por tanto, una diversidad de oportunidades de aprendizaje que puede ir aún más allá del cultivo y la cosecha.

Durante el curso, nos acercamos así a una de las principales fuentes de nuestra alimentación, al tiempo que dejamos espacio para el intercambio de saberes y culturas. Y es que la diversidad de origen de nuestros compañeros de aventura enriquece en usos y costumbres de los alimentos que cultivamos, que nos ofrecen testimonios y recuerdos de vínculos con familiares, tierras y recetas variadas.

En nuestras actividades, mientras crecen y se desarrollan nuestros cultivos, introducimos conceptos que van más allá de la agricultura: trabajamos nuestra interrelación con el medio ambiente y vamos incidiendo en cambios sobre nuestra percepción de la misma; ¿cómo hacemos esto? Pues de diversas formas: nos hacemos amigas de las lombrices, que primero nos dan repelús y después nos hacen cosquillas; aprendemos estrategias y manifestaciones de vida diversa, porque no es lo mismo sembrar, cultivar y cosechar unos guisantes que una zanahoria; también aprendemos que no todas las plantas son amigas entre ellas, que algunas tienen propiedades casi mágicas que ahuyentan de enfermedades y que toca aprender a convivir con depredadores “terribles” como el caracol, las larvas de futuras mariposas o algún pulgón que otro.

Y es que alrededor de nuestras hortalizas, ponemos los sentidos a funcionar: el tacto de la tierra mojada, el olfato que nos regalan las plantas aromáticas al acariciarlas, la vista que nos permite ir concibiendo el ciclo de vida de cada vegetal y sus diversas formas, colores y estrategias de adaptación, y por supuesto, el gusto, con el que incluso nos atrevemos a experimentar nuevos sabores y a disfrutar de nuestras fresas, zanahorias y rabanitos, recompensa de tiempos de espera y cuidados.

Recolectar y extraer semillas es una de las prácticas que incorporo en estos espacios educativos. Así, la curiosidad infantil acaba por descubrir esa esencia de vida, rindiendo tributo a ese legado ancestral que se plasma en testimonios que hablan con cierto orgullo principalmente de sus abuelos y abuelas con vínculos a esa tierra que siempre nos dio de comer.

A veces es preciso esperar. Como cuando toca sembrar las semillas que con esmero y tiempo atrás hemos recolectado, procesado, secado y guardado. Y es que son sensibles a características del medio que permiten (o inhiben) su nacimiento; nos implica en un proceso continuo, donde para recoger frutos tenemos que comprender y cuidar ese ciclo de vida desde el inicio. Todo un aprendizaje vivencial más que recomendable que nuestras huertas nos ofrecen.

Artículo de Nines Alquezar Castillo, ingeniera técnica agrícola y educadora ambiental.

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